Adiós True Blood

17 de septiembre de 2014


True Blood, esa mezcla desenfrenada de lujuria, criaturas sobrenaturales y borbotones de sangre ha llegado a su fin. No es fácil aunar las opiniones de los fans con el final de una serie, pero parece que esta vez sí que lo han conseguido: todos han quedado decepcionados. Hacía ya tiempo que True Blood estaba en decadencia y la gran calidad de las series actuales complicaba seguir dándole oportunidades. Sin embargo, la esperanza de disfrutar de nuevos sobresaltos y salidas de tono seguía tirando y aplazando su despedida.

No nos engañemos, nunca fue un dechado de profundidad. Sí que escarbó ligeramente sobre defectos del ser humano como el prejuicio y el rechazo a lo diferente, pero esto nunca supuso el verdadero motor de la trama. Lo que seducía y mantenía a los seguidores atrapados era el circo que se podía montar en cualquier momento con esas habilidades paranormales que los personajes compartían, y el descaro y la tendencia al pecado siempre presentes en cada entrega.


Tampoco interesaba la historia de amor entre los supuestos personajes principales que permanecían más por su importancia original que por su peso real en la trama. Precisamente por eso la vuelta al tema de su relación en la última temporada terminó de facilitarnos el adiós definitivo dejando más alivio que pena. Los guionistas debieron de pensar que lo más adecuado era despedir a los personajes volviendo a los orígenes pero, ¿por qué con ese tono dulzón fuera de lugar?

No era fácil darle un cierre digno a un conjunto tan variopinto de tramas y criaturas (vampiros, hadas femeninas y masculinas, hombres-lobo, hombres-pantera, brujas y cambia-formas entre otros), pero desde luego sí que podían haberse ahorrado partes ñoñas que tan poco pegaban y tan innecesarias eran.


Para el recuerdo prefiero ese tono desenfado que distraía a la vez que podía divertir extremadamente y quedarme con aquellos puntos que la hicieron original y que tanta cuota de espectadores le generó. El ambiente especial de Bon Temps como pueblito sureño cálido para facilitar el desnudo de cuerpos diez, esa estupenda forma de sacar y esconder los colmillos, los comentarios descarados y ocurrentes de los personajes:

I don’t know what it is about me that makes people think I want to hear their problems. Maybe I smile too much. Maybe I wear too much pink. But please remember, I can rip your throat out if I need to, and also know that I am not a hooker. That was a long, long time ago.
Did I miss something? Are we friends now? Did we join a book club and read some queer chick lit memoirs and are bound together by estrogen or sisterhood or some other feminist drivel? 
I didn't think I was so smart to get depressed
Let this good people practice their constitutional right to be fucking idiots.

Y la sucesión de escenas chocantes, como la orgía montada por MaryAnn, la aparición de Rusell en televisión, las visiones de Lafayette, Eric tomando el sol en un pico de montaña sin más ropa que el libro que lee, las diferentes muertes que se suceden a cual más estrambótica o el momento del trono del vikingo y Ginger.


Así sí, RIP True Blood.

1 comentario:

  1. Yo creo que fue el contraste con crepúsculo lo que me animó a empezar a verla, jeje. Respecto a los diálogos estoy completamente de acuerdo con lo que dices de Pam. De las 4 citas, ni más ni menos que 3 son del personaje. Al final era la pareja que le daba el punto a la serie. Y lo de Tara tb lo vi un sinsentido. Sin embargo la decisión de Sookie que comentas sí que me gustó aunque la parte de Bill no me convenciera del todo. Al final sí que hay diferencias entre los seguidores. Era lo normal :p

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