No os confundáis con mi post de hoy, no soy un fan de las películas romanticonas y caramelosas que te espesan la sangre de las venas hasta que la diñas por muerte celular. Odio a los actores y actrices como
Julia Roberts o
Hugh Grant que se han hecho asquerosamente ricos haciendo esas películas ñoñas que son siempre la misma maldita historia, contada de la misma maldita manera y siendo a veces el mismo maldito director. Ya que estamos, odio al PP, al PSOE, a
Justin Bieber y a los reggaetoneros que no saben usar auriculares, pero bueno no nos desviemos... Entre toda esa mugre de
"lecciones de amor" que nos da
Hollywood y sus más fieles imitadores en todo el mundo, a veces, y solo a veces, aparecen creaciones que merecen dos horas de nuestro tiempo. Por supuesto, esta es solo mi opinión, y trata acerca de una
película que en su momento me caló y que hace poco volví a ver. Pero no os acostumbréis, el próximo día hablo de
Torrente y tan panchos.

Lo primero que me convenció es que no conocía a ningún actor, ahí se ganó mi curiosidad. Y fue luego cuando escuché los primeros 10 segundos de la voz narradora en
off cuando consiguió mi atención.
Tom (
Joseph Gordon-Levitt) es un joven licenciado en arquitectura que se dedica a escribir tarjetas de felicitación porque la vida lo ha llevado irremediablemente por ese camino, y un buen día entra a trabajar en la empresa como ayudante del jefe una chica llamada
Summer (
Zooey Deschanel).
Tom es el típico tío que ha crecido escuchando putas canciones del pop de los 80 que le hicieron creer en la existencia de un amor verdadero, un alma gemela, y que su vida seria una desgracia hasta que la encontrara. Por el contrario,
Summer conoce la verdad sobre el amor al vivir el divorcio de sus padres cuando era una niña, y crecer siendo una rebelde . De esta manera, ambos se enzarzan en una relación en la que se ve que algo no encaja.
Llegados a este punto no deja de ser la misma mierda de siempre, pero las palabras a veces no son suficientes para describir una historia, hay que vivirla. Es así como en el film consiguen embaucarte, mostrando cosas que todos alguna vez hemos pensado o sentido: salir a la calle bailando después de haber conseguido llegar
a segunda base, ver como el mundo se deshace a jirones literalmente cuando no ha fraguado la relación, notar como el tiempo pasa como
Usain Bolt cuando todo es perfecto, o como se para cuando se cree que todo se ha acabado, queriendo retener cada mirada y cada caricia hasta el infinito. Se hacen saltos en el tiempo para comparar estados de ánimo, y situaciones aparentemente idénticas pero muy diferentes, todo desde un punto de vista cómico pero no estúpido. Recurriendo a
diferentes formas de filmar y a animación, se salen de la linea "realista" que marcan las cosas y las personas físicas y tangibles, y se meten en la verdadera realidad de la mente y las emociones. Además, se incluyen buenas reflexiones que al menos te dejan unos segundos pensativo/a, presentando una historia tan común como la vida misma de una manera diferente, y que independientemente del desenlace siempre merece la pena vivirla.

Os animo a verla, y si al menos consigo que escribáis un comentario con un infinito "
GAAAAAAAAYYY" habrá merecido la pena, me subirá una visita,
I always win.