
Pero antes de entrar en materia he de advertir que soy de los que piensan que el cine negro sufrió un soberano revés después de que David Fincher decidiera, para ventura del mundo, adentrarse en el género del suspense con Se7en. Y digo que el género sufrió un revés (que nadie me malinterprete) porque estableció un punto de partida estratosférico, un espejo demasiado perfecto en el que, y si has visto la película lo entenderás, pocas cintas son dignas de mirarse. No en vano la majestuosa interpretación de Brad Pitt, Morgan Freeman y Kevin Spacey, hicieron de Se7en no sólo un referente, la convirtieron en una indiscutible obra maestra, de esas que perdurarán en los anales de la historia ocupando un puesto de honor en el olimpo del séptimo arte.
Pero volviendo al hilo de la entrada, hay una cinta (y es por lo que viene a continuación que necesitaba hacer obligada referencia a la obra de Fincher) que desgraciadamente ha pasado inadvertida a ojos del gran público, en gran parte a consecuencia de la polémica que suscitó y a la escasa repercusión que tuvo por las salas de cine del viejo continente, que ha vuelto a poner en guardia mis sentidos, acelerarme el pulso y entrecortar mi respiración durante cada uno de sus 143 minutos de metraje; una cinta que se ha hecho por derecho propio un hueco entre mis películas preferidas del género y que tengo, a título personal, como el mejor thriller aparecido desde Se7en. Me estoy refiriendo a I saw the Devil, título que en España encontramos traducido como "Encontré al Diablo".
Hechas las presentaciones es conveniente dejar claro que puedo entender y entiendo que muchas personas encuentren "I saw the Devil" una película excesivamente violenta y desagradable. No quiero engañar a nadie: lo es (sobra decir que ha provocado más de un "abandono masivo" de sala en alguno de los festivales en los que se proyectó). Visualmente es una maravilla pero hay momentos en los que se vuelve salvaje y brutalmente sangrienta. Momentos en los que cuesta no apartar los ojos de la pantalla. Escenas realmente explícitas, aunque no gratuitas, que sin embargo entiendo que se hacen imprescindibles para tratar de hacer entender al espectador los acontecimientos que se van desarrollando durante la trama y, sobre todo, la evolución que experimenta alguno de los personajes. Sí, es una película dura, muy dura, pero es una película que impacta y no nos engañemos, seguramente sea esa una de sus principales bazas.
Sin querer entrar demasiado en materia, la historia gira en torno a un psicópata (de Óscar la interpretación de Gook-hwan Jeon) que tiene en jaque a la policía coreana. Un asesino que mata por el puro placer de matar y que además lo hace con una desmesurada crueldad. Para su ¿desgracia? un día ese "monstruo" escoge como víctima a la hija de un jefe de Policía retirado, prometida a su vez de un reputado agente secreto (Byung-hun Lee). Es a partir de ese momento que la película se erige en torno a un solo y recurrente concepto: venganza.

Es una película que consigue desde su primera escena que el espectador se impregne de las emociones que suscitan tanto la repulsión por el asesino como los actos de venganza de su antagonista. Un film que invita a realizar una soberbia reflexión sobre la represalia absolutamente carente de norma y humanidad, sobre el difuso y siempre demasiado subjetivo concepto de "justicia moral". Pero ante todo I saw the Devil es una sublime oda a la maldad más irracional, la conciencia social y a la integridad del ser humano.
Sencillamente es una de esas películas que, siempre que tengas estómago para soportar algunas escenas, tienes que ver.
















