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Tesis sobre un Homicidio (2013)

21 de agosto de 2013

Seguro que habéis escuchado miles de veces eso de que "El alumno ha superado al mentor". En la mayoría de los aspectos de la vida esto es algo positivo, algo que implica que el profesor ha sido tan bueno como para dar a su pupilo las herramientas y la ilusión necesarias para seguir creciendo incluso por encima de lo que el primero lo hizo. Sin embargo, cuando nos movemos en la línea del crimen, en la búsqueda del crimen perfecto, en intentar ser el mejor al disponer de la vida ajena de tal forma que nadie sea capaz de demostrar tu falta, entramos en un campo peligroso, en un área donde el ser humano pasa a ser un "ser" simplemente, porque con su acto perdió su humanidad.

Dicen que el "Crimen perfecto no existe", que los asesinos siempre olvidan algo porque no soportan saber que su obra jamás será descubierta, sin saber que el verdadero calvario empieza en el momento en que se decide cruzar la línea.


En Tesis sobre un Homicidio asistimos a la versión cinematográfica de la novela de Diego Paszkowsi del mismo nombre, donde el director Hernán Goldfrid nos sumerge en el formato del cine negro, en un mundo temido y respetado a partes iguales, en el mundo del crimen y de la justicia. La historia nos habla de un prestigioso juez, interpretado por Ricardo Darín, quien imparte un seminario sobre "La Estructura de la Justicia" cuando acontece un homicidio en el que tendrá mucho que ver su alumno más aventajado, interpretado por Alberto Ammann. 

Ambientados en un análisis de la justicia basado en el procedimiento de pruebas y evidencias, tal y como se hace una tesis científica, entramos en el mundo de un alumno frío, obsesionado en exceso, que ha dejado cubrir su mente de una sombra oscura y de un profesor que utiliza su experiencia, su habilidad, su formación y cierta paranoia para desenmascarar al autor de un homicidio casi perfecto.


Aunque para mi gusto la película utiliza en un poco en exceso las herramientas del maestro del cine de Hitchcock, asistimos a unos diálogos llenos de pasión, intriga y cambios, que crean esa intranquilidad tan necesaria en este tipo de cine. Además la historia consigue mantener la tensión en el espectador durante todo su visionado otorgándole a los detalles, a los gestos, a las expresiones y a las miradas un papel relevante y fundamental en el desarrollo de la trama.

Por si lo anterior fuese poco, el sonido a cargo de Sergio Moure acompaña perfectamente a aquello que el director nos quiere hacer llegar, aportando y describiendo los momentos con pinceladas llenas de suspense, de angustia, rencor, ambición y sorpresa.


Esta es una de esas narraciones que plantean muchas preguntas sobre temas relacionados con la justicia, con el valor de las pruebas y de los testimonios de los testigos. Es una de esas películas que consigue que al terminar su visionado y salir del cine tu mente se llene de pensamientos relacionados con este ámbito y hablar de cine tras ver cine, es señal de que la película tiene algo, bueno o malo, pero tiene algo.

Nos vemos en la próxima entrada, hasta entonces... ¡¡¡¡¡ SONRÍAN !!!!!

El secreto de sus ojos

15 de enero de 2013

Una estación de tren, un vagón que se aleja dejando a la joven atrás, con una mirada desolada y unos ojos que gritan todo lo que no se atreven los labios. Así comienza El secreto de sus ojos, según mi opinión, uno de los trabajos más logrados del cine sudamericano reciente



Benjamín Espósito (un soberbio Ricardo Darín) es un agente judicial recientemente jubilado que, libre de las ataduras laborales, decide retomar un caso pasado, un violento crimen que ha permanecido aferrado a su memoria, a pesar de los 25 años que le separan en el tiempo. En éste, Benjamín tenía como labor encontrar al autor de la violación y homicidio de una joven. El encontrarla con los párpados abiertos permite que esos ojos inertes le atrapen y le involucren incondicionalmente. 

Tras haberlo pospuesto y pospuesto, en este momento de su vida se encuentra determinado a cerrarlo y a aprovechar el tiempo libre brindado para plasmar lo ocurrido en una novela. Esta decisión le obliga a rememorar todos los pormenores de sus pasos en la investigación de ese crimen. Para ello, como Watson para Holmes, Espósito tiene como "ayuda" a Pablo Sandoval, su compañero de oficina que minuto a minuto va perdiendo su rol de inoportuno y problemático para ir convirtiéndose en un personaje definitivamente conmovedor.


Esa vuelta hacia los recuerdos lleva irremediablemente al protagonista a evocar también sus sutiles devenires sentimentales con Irene Menéndez- Hastings (una maravillosa Soledad Villamil), devaneos que, al igual que ese caso judicial, perviven como una profunda desazón, un dolor inmune a curas como la distancia o el paso del tiempo.

Con un guión muy elaborado y la compañía de estos grandes del cine, el director Juan José Campanella consigue un delicioso cóctel lleno de calidad que se saborea más a cada sorbo. Una obra en la que se destacan esos primeros planos en los que los juegos de miradas mantienen intensos diálogos en el silencio de unas pausas cargadas de intención. Unos ojos que logran acariciar tu propio corazón.