Esta semana quiero hablaros de la gran ganadora de los pasados Premios Goya con nada menos que 10 estatuillas de las 18 a las que optaba, de la película que ha sido selecionada por la Academia de Cine Español para representarnos en los Óscar, esta semana dedico este rinconcito a hablar de Blancanieves, de Pablo Berger.

Sería de cobardes no empezar reconociendo que la idea de una cinta muda, en blanco y negro y que utilizara aspectos tan españoles como los toros o el flamenco para recrear el cuento de los Hermanos Grimm, me hizo en un principio guardar ciertas reticencias a dejarme llevar por la ficción, a creer en aquello a lo que iba a asistir. Blancanieves es una película que intenta emular el cine mudo europeo de los años 20, potenciando al máximo el expresionismo de cada escena con unos cuidados primeros planos. Las palabras que nos cuentan la historia son los gestos, unos gestos entrelazados con una música pasional que describe cada una de las escenas.
Si en algo resalta es en los apartados técnicos. La banda sonora es una fusión de cine mudo con temas españoles de la época, las luces y sombras matizan, complementan y resaltan aquello que visionamos, los decorados y vestuarios reconstruyen con un gran trabajo la Sevilla de los años 20.
Además las interpretaciones con un cuidado lenguaje de gestos, y de no gestos, consiguen crear una conexión con aquel que se encuentra al otro lado de la pantalla, resaltando de entre el elenco una Maribel Verdú en el papel de Madrastra, es decir, la película cumple con todo aquello que se le debe exigir, como mínimo, a una película de este género.

Es cierto que esconde ciertas similitudes con The Artist, otra obra reciente del cine mudo, ya que ambas cintas son un intento de rescatar esa esencia de este tipo de cine, orquestando musicalmente una película reciente y filtrando en blanco y negro. Sin embargo, en el filme francés se contaba algo muy previsible, algo que ya habiamos visto antes, mientras que si algo podemos decir de Blancanieves es que le da un giro sustancial a la historia primitiva, confiando más que la primera en el entendimiento del espectador.

Si tuviera que emitir una valoración, diría que me dejó un sabor extraño, una mezcla de sensaciones atípicas, ya que realmente no me esperaba un relato como el ofrecido. Para mi gusto es demasiado larga y se sobrexplotan ciertos recursos del cine mudo, llegando en ocasiones a resultar un poco lenta. Si te atreves a verla, no puedo asegurarte que te cautive, aunque lo que si te puedo garantizar es que no creo que te deje indiferente.
Nos vemos en la próxima entrada, hasta entonces... ¡¡¡¡¡ SONRÍAN!!!!!
















